Y eso mismo pudo comprobarlo el subcampeón olímpico de “luge”, el alemán David Möller, que no tuvo mejor idea que morder la medalla de plata que le acababan de imponer en el podium.
Y es que el pasado Lunes la jornada de los Juegos Olímpicos de Invierno en Vancouver dio para mucho. Möller, que tras precipitarse en su trineo a una velocidad vertiginosa por la pista de hielo y marcar el segundo mejor tiempo, tuvo la mala idea de hacer la broma típica de los campeones y “comprobar” si el metal de su medalla era “bueno” o se trataba de una pieza de chocolate recubierta de un papel brillante.
El incisivo superior de Möller se fue al garete y aunque el deportista de 28 años le restó importancia sí dijo que dolía un montón. Pues nada, menos mal que había un dentista en el equipo alemán (que los chicos van muy preparados a estos eventos) y pudo minimizar el percance.
No hay que ser tan desconfiado, hombre…
