
Propofol
Los Ángeles, a través de la Oficina del Forense del Condado, ha desvelado en el día de ayer la conclusión a la que se ha llegado tras dos meses de exhaustivas investigaciones. Michael Jackson fue víctima de un ‘homicidio’. La causa directa de la muerte fue una ‘intoxicación aguda de propofol, junto con menores dosis de lorazepam, midazolam, diazepam, lodocaína y efredina’.
Toda esta cantidad de sedantes y anestésicos, fueron encontrados en la autopsia del cadáver del rey del pop. De todos era sabido que el cantante padecía insomnio desde hacía años y que había llegado a depender muy directamente de dichos medicamentos en su vida cotidiana.
No obstante, el informe oficial de la autopsia incluye un anexo con un análisis toxicológico que permanecerá fuera del conocimiento público a petición de la policía y de la Fiscalía General de Los Ángeles.
El principal sospechoso de la muerte de Michael Jackson sigue siendo su médico Conrad Murray, quien se encontraba acompañando al artista horas previas a su muerte el 25 de Junio en Bel Air. El cardiólogo repite categóricamente que la dosis suministrada al cantante para su descanso,(25 miligramos) difícilmente podría dormir si quiera a una persona, de modo que la posibilidad de causarle la muerte, sería totalmente impensable.
Sea como fuere, el inculpado directo Conrad Murray y otros sospechosos como los doctores Arnold Klein, Allan Metzger o David Allen (que le habían recetado estos medicamentes meses anteriores) podrían estar enfrentándose a penas de cárcel muy severas, que rondarían los 30 años de prisión.